Las noches eran para mi la mejor hora para leer; mis hermanos dormían, mis padres charlaban o trabajaban y yo disfrutaba hasta que mi Mamá entraba a apagarme la luz, y en ocasiones, a retirarme el libro que me acompañaba en mi sueño.
Ya en preparatoria, mi Tía "Tuta", que así llamábamos a mi tía Bisabuela María de la Luz Castillo Reza, me escuchaba atenta repetir alguna lección o alguna poesía, en tanto ella preparaba la cena, para luego ayudarme a comprobar que tenía aprendido el motivo de ese ejercicio.
Siempre me ha gustado hablar en público. Vale la pena compartir con los demás lo que pensamos, al igual que escuchar a otras personas de las que invariablemente aprendemos, de ahí que "el corral", un solar que es ahora la casa de mi Padre, halla sido mi primer ágora privada; allí practicaba a todo pulmón mis discursos escolares; mi Tío Alejo se divertía escuchándome en el solar contiguo.
La poesía, la lectura, la oratoria, me abrieron muchas veredas que poco a poco se fueron haciendo caminos; otras aún me tienen ocupado.
