Jaime Vázquez Castillo*
Viendo las fotografías de inicio de precampañas de los señores Bravo Mena y Encinas-, publicadas en los medios de comunicación, podría pensarse que el primero es aspirante a la dirigencia nacional del PAN y el segundo a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal.
Lujambio, Cordero, Vázquez Mota, engalanaron el mitin de Bravo Mena en la Ciudad de Toluca; Ebrad, Padierna, Zambrano, desde luego, funcionarios del Gobierno del Distrito Federal, y la Asambleísta del Distrito Federal Alejandra Barrales como maestra de ceremonias, el de Encinas en Ecatepec.
Inusual al menos parece que la dirigencia nacional del PRD asista al inicio de precampaña de un precandidato e ignore a los demás. Claro que los otros aspirantes han buscado construir sus posibilidades entre la militancia mexiquense, en tanto que a Encinas lo han proclamado como Candidato a Gobernador en diversos foros, todos en el Distrito Federal.
El Universal publicó un recuento de los problemas que ha tenido que sortear Encinas, destacando las declaraciones que él mismo hizo en noviembre pasado respecto a un hecho incuestionable: No reunía entonces -como no reúne ahora-, los requisitos de elegibilidad. Al no ser originario del Estado de México, la Constitución Política Estatal y la Legislación Electoral prevén que debe acreditar una residencia efectiva en el Estado de México de cinco años anteriores al día de la elección, precisando que se entenderá por residencia efectiva “Tener domicilio fijo en el que se habite permanentemente”.
Llama la atención que López Obrador pretenda imponer la candidatura de Encinas a pesar de no reunir los requisitos de Ley. Una hipótesis sostenida hace varias semanas es que estando consciente de esa limitación, busque que los órganos electorales le nieguen a Encinas el registro como candidato, para entonces descalificar y judicializar el proceso electoral; hipótesis viable dada la experiencia y estilo de López Obrador.
Por otro lado, el ofrecimiento de traer a los mexiquenses los programas sociales del Distrito Federal, me hacen pensar en la entrega, durante la campaña, de la “tarjeta de débito” por el monto de $200.00 (doscientos pesos, 00/100 M. N.) que podrán hacerse efectivos si el PRD gana la elección. Eso en castellano sencillo se llama compra de voto, práctica que utilizaron en las elecciones de los Estados de Guerrero y de Oaxaca.
Parece que la disyuntiva para los perredistas mexiquenses es optar por coaligarse con el PAN llevando como candidato a Bravo Mena, calificado por algunos de ultraconservador, a quien podría unirlos el propósito de contener el avasallamiento de Enrique Peña en la carrera por la Presidencia de la República; sin embargo, sería poco menos que un plato de lentejas por la viabilidad del perredismo mexiquense en los años siguientes.
Ante este escenario, los mexiquenses tenemos la oportunidad de elegir votando en libertad. Si alguien ofrece una tarjeta de débito y otro la inclusión en los programas sociales federales, aceptémoslos, y llegado el momento, votemos en libertad.
*Licenciado en Derecho, Notario Público 164 del Estado de México con sede en Tlalnepantla de Baz; ha sido profesor universitario, servidor público, diputado local y federal y dirigente político.

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