Algunos seres humanos nos negamos a abandonar nuestras raíces, antes bien, las buscamos, las procuramos. Cuanto mas crece la familia, mas dificultades existen para que se conozcan todos los parientes; por eso valió la pena la reunión de los Castillo y un Acosta, realizada hace unos días.
Concurrimos algunos de los descendientes de mi Abuelo Tomás, de la Tía Carmelita y la Tía Mela; nos acompañaron la Tía Lucha, todos ellos Castillo y el Tío Santiago Acosta, hermano de Nené mi Abuela. Eramos muchos, pero mas los que faltaron.
Ojalá que este reencuentro inicial continúe. Realmente es agradable saludar a las nuevas generaciones y a través de ellas a quienes, como dijo Josué Mirlo, han emprendido el último viaje.

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