Don Rafael Rodríguez Barrera
de Jaime Vázquez Castillo, el El Martes, 6 de diciembre de 2011 a la(s) 17:23 ·
Saludé a Don Rafael Rodríguez Barrera el dos de diciembre, al salir de la sesión del Consejo Político Nacional en la que conocimos y aprobamos la renuncia del Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Me encontró comprando un libro de ortografía de la lengua española –que tan útil es en mi oficio-; mi amigo y compañero Nabor López García, se me acercó y me dijo: Ahí viene Don Rafael que lo quiere saludar; voltee y ahí estaba, con esa presencia sobria y elegante, gentil y amable tendiéndome la mano; tenía buen semblante, me dio gusto verlo, saludarle y conversar unos momentos con él.
Era un hombre con una sólida formación jurídica y política. Humanista, lo mismo podía citar a un clásico que a un poeta de su tierra o insertar en su discurso alguna anécdota para ganarse al auditorio. Sin estridencias fue un militante de convicciones firmes, y firme en la defensa de nuestro Partido y sus postulados.
Tuve la fortuna de ser su compañero Diputado el la LVIII Legislatura del Congreso de la Unión (2000-2003), al inicio fungió como Vicecoordinador General; Beatriz Paredes me encargaba, como vicecoordinador para las relaciones con el PRI, que acordara con Don Rafa como le decía ella, las actividades que nuestro grupo realizaría en apoyo del Partido. Esos acuerdos resultaban amenas e ilustrativas charlas que me permitieron conocerle, apreciarle y respetarle como hombre y como político.
Como Coordinador del Grupo Parlamentario, lo condujo con tolerancia y mano suave; los tiempos que nos tocaron hacían difícil la tarea; nuestras decisiones y posiciones en el Poder Legislativo, tenían que acordarse previamente; la presencia relevante de algunas corrientes priístas en competencia constante, y el deseo de algunos gobernadores de influir en el grupo, la hacían mas complicada; la experiencia, serenidad y madurez de Rodríguez Barrera, contribuyó a nuestra cohesión interna y a mantener un diálogo respetuoso y fructífero con otros grupos parlamentarios, con la colegisladora, con los otros poderes de la Unión, con la dirigencia del Partido y, desde luego, con los gobernadores priístas.
Era un Campechano orgulloso de su tierra. Cuando hablaba de su Estado se le iluminaban los ojos; con fruición narraba su trabajo como Gobernador y su lucha por lograr beneficios para sus paisanos productores y exportadores de miel de abeja o de productos del mar.
El político se fraguó en fuego amigo; se forjó en la lucha entre sus aspiraciones y las resistencias de políticos poderosos de cuyo afecto no disfrutaba. A esas adversidades se sobrepuso Don Rafael, como se sobrepuso también a la enfermedad que hacía tiempo le aquejaba.
Fungió como Delegado General del CEN del PRI en el Estado de México, durante el proceso interno para nominar Candidato a Gobernador entre 2004 y 2005. Su amigo y compañero nuestro, Manuel Garza González, en su calidad de Delegado del CEN se hizo cargo de la Presidencia del Comité Directivo Estatal, tras la accidentada salida del hasta entonces Presidente; también los acompañó en ese tramo Luis Martínez Villicaña (QEPD).
La experiencia y respetabilidad de Don Rafael, contribuyeron a que ese Proceso Interno se desarrollara en armonía. Uno o dos días antes de que la decisión final fuera procesada, me invitó a comer en un restaurante del sur de la Ciudad de México; estaba superado ya el conflicto con que amenazó el expresidentes del Comité Directivo Estatal y ahora, sin decírmelo intuí, que yo era quien les generaba preocupación. Fue el mejor interlocutor, razonable y sensato como era, comprendió mis motivaciones para participar en ese proceso: Había que construir una candidatura ganadora –le dije-, impulsando la incorporación de todas las expresiones priístas de la Entidad. El candidato tendría que ser quien mejores oportunidades de triunfo ofreciera al Partido, sin lastimar ni denostar a nadie, así, los demás participantes lo aceptarían y se sumarían al equipo de trabajo. Lo importante era que le fuera bien al Estado de México, y para ello lo mejor era que el PRI ganara la Gubernatura.
En los siguientes días, cuando había claridad de quién debería ser el candidato, se procesó la conclusión del proceso interno y concluyó la labor de Don Rafael Rodríguez Barrera en el Estado de México.
Al despedirnos el dos de diciembre, le dí un abrazo con el afecto y respeto que le guardaba, con la sensación de que, en cualquier momento le volvería a encontrar en alguna otra reunión de Consejo Político Nacional, de nuestras reuniones de exdiputados de la cincuenta y ocho Legislatura, o cuando mis limitaciones me llevaran a consultar a un hombre con mayor experiencia.
Por los medios me enteré de su deceso. Es una perdida lamentable para la política mexicana. Su vida le da derecho a ser recordado con la viveza de su quehacer cotidiano: Un mexicano de bien, ocupado siempre en que a nuestro País le vaya mejor. Descanse en Paz.

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